ESTRATEGIA

Comisión comercial

Retribución variable del vendedor ligada a lo que vende. Lo que premies es exactamente lo que vas a obtener, aunque no sea lo que querías.

Nivel · intermedio4 min de lecturaActualizado 27 ago 2026
También conocido como: Comisión de ventas, Retribución variable, Incentivo comercial

Definición

La comisión comercial es la parte variable de lo que cobra un vendedor, ligada a lo que consigue.

Y el principio que gobierna todo lo demás cabe en una frase: lo que premias es exactamente lo que vas a obtener. No lo que dijiste que querías, ni lo que pusiste en la reunión de objetivos: lo que está en la fórmula.

Un sistema de comisiones no es un asunto de nóminas. Es la forma más directa que tiene una empresa de decirle a su equipo comercial qué le importa de verdad.

Sobre venta o sobre margen

Es la decisión que más dinero mueve y la que se toma con menos análisis.

Comisionar sobre facturación es simple de calcular y de explicar. Y tiene un efecto colateral inevitable: al vendedor le da igual el margen. Si además puede conceder descuentos, el sistema le está pagando por regalar tu beneficio — su comisión baja un poco y tu margen se hunde.

Con un margen del 30 %, ceder un 10 % de descuento reduce tu beneficio un tercio y la comisión del vendedor solo un 10 %. Los incentivos no están alineados: están enfrentados. Está la cuenta hecha en la calculadora de impacto del descuento.

Comisionar sobre margen alinea los intereses: el vendedor gana más cuando tú ganas más, y defiende el precio porque defiende su nómina.

Su pega es real: exige que el vendedor pueda ver el margen de lo que vende, y muchas empresas no quieren enseñar los costes de compra. La salida habitual es comisionar sobre un margen calculado con precios internos de referencia, sin revelar el coste exacto.

Lo que cambia según cuándo se paga

Al pedido: rápido de motivar, y comisionas ventas que quizá se anulen.

A la factura: lo más común y razonable.

Al cobro: el vendedor se implica en que el cliente pague. Es lo que evita ese cliente que compra mucho y no paga nunca. En sectores con morosidad, cambia comportamientos más que cualquier discurso.

Ejemplo práctico

En distribución industrial hay dos casos que ilustran por qué la fórmula importa más que el porcentaje.

El primero: el cliente que solo compra lo barato. Si se comisiona sobre facturación, un pedido grande de producto de bajo margen paga igual que uno pequeño de alto margen. El comercial, racionalmente, va a por el volumen. Acabas con la facturación creciendo y el margen neto cayendo, y con todo el mundo cumpliendo objetivos.

El segundo, más sutil: la cartera existente. Si solo se comisiona la venta nueva, nadie atiende a los clientes de siempre — que son los que sostienen la empresa. El resultado es una puerta giratoria: entran clientes por delante y se van por detrás, y la facturación no se mueve mientras el coste de captación se dispara. Ver churn.

Lo que aprendí: un buen sistema comisiona tres cosas a la vez, no una. Margen de lo vendido, cobro efectivo, y mantenimiento de la cartera. Y hay que resistir la tentación de añadir una cuarta y una quinta: un plan que nadie puede calcular de cabeza deja de motivar, porque el vendedor no sabe qué hacer para ganar más.

La prueba que uso para saber si un plan está bien diseñado: pedirle al comercial que explique cómo cobra más. Si tarda más de treinta segundos, el plan es demasiado complicado. Y si su respuesta describe algo que a la empresa no le conviene, el plan está mal — pero él lo está haciendo bien.

Errores comunes

  • Comisionar sobre facturación y dar libertad de descuento a la vez.
  • Planes tan complejos que nadie sabe calcular su propia nómina.
  • Cambiarlo a mitad de año. Destruye la confianza aunque el nuevo sea mejor.
  • Comisionar solo captación y desatender la cartera.
  • Sin techo en operaciones extraordinarias, o con techo mal puesto: si al llegar al máximo deja de compensar vender, el equipo para.
  • No comisionar el cobro en sectores con impagos.
  • Objetivos irreales. Una cuota inalcanzable no motiva: desmotiva desde el primer mes.
  • No contrastarlo con el convenio. La estructura fija-variable tiene reglas laborales; revísalo con tu asesoría.

Cuándo revisarlo

Una vez al año, con el presupuesto, y con vigencia anual cerrada — no a mitad de camino.

Y la comprobación que conviene hacer antes de aprobarlo: simular el plan con las ventas del año pasado. Ver cuánto habría cobrado cada uno y, sobre todo, qué comportamiento habría premiado. Ahí es donde salen los efectos que nadie había previsto, cuando todavía se pueden corregir en un papel.

Referencias

Escrito por
Antonio Echeverría

Dirijo IMDICA, una empresa de suministro industrial, desde 2007. Escribo estas definiciones desde el lado de quien las usa para decidir, no desde el de quien las estudia.

Si esto lo estás llevando a mano, lo automatizo con el CRM que construyo en AE Works.