FINANZAS

Factoring y confirming

Dos productos bancarios opuestos: uno adelanta el dinero de tus facturas de venta, el otro paga por ti a tus proveedores.

Nivel · intermedio4 min de lecturaActualizado 27 ago 2026
También conocido como: Descuento de facturas, Anticipo de facturas, Pago confirmado a proveedores

Definición

Factoring y confirming son dos productos bancarios que se confunden constantemente y que hacen cosas opuestas:

  • Factoring: cedes al banco las facturas que te deben tus clientes y él te adelanta el dinero. Cobras antes.
  • Confirming: el banco paga por ti a tus proveedores, y tú le pagas a él más tarde. Pagas después.

Uno actúa sobre el lado del cobro y el otro sobre el del pago. Los dos atacan el mismo problema —el desfase entre pagar y cobrar— desde extremos distintos. Ver capital circulante.

Cómo funciona el factoring

Emites una factura a 90 días. En vez de esperar, se la cedes al banco, que te adelanta un porcentaje —habitualmente entre el 80 % y el 90 %— y te liquida el resto cuando el cliente paga.

Y aquí está la distinción que lo cambia todo:

Factoring con recurso. Si el cliente no paga, el banco te lo reclama a ti. Es financiación pura: la deuda sigue siendo tuya y computa como deuda en tu balance.

Factoring sin recurso. El banco asume el riesgo de impago. Si el cliente no paga, es su problema. Cuesta más, y a cambio la factura sale del balance: has vendido el derecho de cobro, no lo has financiado.

Esa diferencia es la que decide si el producto sirve para mejorar tus ratios o solo para adelantar caja.

Cómo funciona el confirming

Le pasas al banco tu remesa de pagos a proveedores. El banco les comunica que tienen un pago confirmado en tal fecha y les ofrece cobrarlo antes a cambio de un descuento.

Lo que suele pasarse por alto: el coste del anticipo lo paga el proveedor, no tú. Tú pagas una comisión de gestión modesta. El proveedor gana certeza —sabe que va a cobrar— y decide si le compensa adelantarlo.

Por eso el confirming es, además de un producto financiero, una herramienta de relación: convierte tu promesa de pago en algo que el proveedor puede convertir en dinero cuando quiera.

Ejemplo práctico

En distribución industrial, el factoring aparece cuando entra un cliente grande.

Un cliente que factura mucho y paga a 90 días es una buena noticia comercial y un problema de tesorería: tienes que comprar la mercancía, pagarla a 60 días y esperar tres meses a cobrar. El factoring cierra ese hueco.

Lo que aprendí, y es lo que menos se calcula: el coste real no es el tipo de interés que te anuncian. Hay que sumar la comisión de cesión por factura, la de estudio del cliente, el porcentaje retenido —que no cobras hasta el final— y, en el sin recurso, la prima de riesgo. Sumado todo y anualizado, un factoring puede salir bastante por encima de una póliza de crédito normal.

Cuándo compensa igualmente: cuando el problema no es el precio del dinero, sino que no tienes más póliza disponible. El factoring no consume tu línea de crédito habitual porque se apoya en la solvencia de tu cliente, no en la tuya. Para una empresa que crece rápido y tiene la póliza al límite, eso vale más que dos puntos de diferencia.

Y el efecto secundario que nadie menciona: el banco estudia a tus clientes antes de aceptar sus facturas. Si rechaza a uno, te está dando gratis una opinión sobre su solvencia que a ti te costaría dinero conseguir. Ese aviso ha evitado más de un disgusto.

Errores comunes

  • Creer que el factoring con recurso saca la deuda del balance. No la saca: sigue siendo tuya.
  • Comparar solo el tipo de interés e ignorar comisiones y retención.
  • Usarlo como parche permanente. Si necesitas factoring todos los meses para llegar, el problema es el margen o el periodo de cobro, no la financiación.
  • Ceder facturas de clientes con incidencias. Si el cliente discute la factura, el banco te la devuelve.
  • En confirming, no avisar al proveedor de cómo funciona. Muchos lo reciben como una imposición y se enfadan sin entender que ganan opcionalidad.
  • Olvidar que el confirming te ata al banco. Toda tu operativa de pagos pasa por él, y salir de ahí cuesta.

Cuándo usarlos

Factoring: cuando cobras a plazos largos de clientes solventes y el crecimiento te está comiendo la caja. Mejor sin recurso si el objetivo es también quitarte riesgo.

Confirming: cuando tienes volumen de pagos a proveedores y quieres ordenar la tesorería sin alargar plazos por tu cuenta.

Y con la advertencia de siempre: haz la cuenta anualizada de lo que cuesta cada uno antes de firmar, y compárala con lo que te cobra tu póliza.

Referencias

Tagsempresarialfinanzastesoreríafinanciación
Escrito por
Antonio Echeverría

Dirijo IMDICA, una empresa de suministro industrial, desde 2007. Escribo estas definiciones desde el lado de quien las usa para decidir, no desde el de quien las estudia.

Si esto lo estás sacando de hojas de cálculo, lo convierto en un panel en AE Works.