Definición
El patrimonio neto es lo que quedaría para los socios si la empresa vendiera todo lo que tiene y pagara todo lo que debe.
Patrimonio neto = Activo − Pasivo
Es la tercera pata del balance y la medida más directa de solvencia: el colchón que tiene la empresa para absorber pérdidas antes de que los acreedores empiecen a preocuparse.
Qué lo compone
Capital social. Lo que aportaron los socios al constituir la sociedad o en ampliaciones posteriores.
Reservas. Beneficios de años anteriores que no se repartieron y se quedaron dentro. Es la partida que más crece en una empresa sana y bien gestionada.
- Reserva legal: obligatoria hasta alcanzar el 20 % del capital social.
- Reservas voluntarias: las que la junta decide no repartir.
Resultado del ejercicio. El beneficio o la pérdida del año en curso.
Resultados negativos de ejercicios anteriores. Pérdidas acumuladas que restan.
La lectura que da es histórica: un patrimonio neto muy superior al capital social significa años de beneficios reinvertidos. Uno por debajo del capital significa pérdidas acumuladas.
La causa de disolución
Esto hay que conocerlo porque tiene consecuencias personales para el administrador.
La Ley de Sociedades de Capital establece que si las pérdidas dejan el patrimonio neto por debajo de la mitad del capital social, la sociedad incurre en causa de disolución.
El administrador tiene entonces la obligación de convocar junta en un plazo determinado para que se adopte una solución: ampliar capital, reducirlo, aportar los socios, o disolver.
Si no lo hace, puede responder personalmente de las deudas sociales posteriores. Es una de las principales vías por las que la responsabilidad limitada deja de proteger.
Es un punto que muchos administradores de pymes desconocen hasta que aparece el problema. Mirar el patrimonio neto no es un ejercicio contable: es una obligación con consecuencias.
Ejemplo práctico
En una empresa familiar con años de historia, el patrimonio neto cuenta la historia entera del negocio de un vistazo.
Un capital social pequeño —el mínimo de constitución de hace décadas— y unas reservas muy superiores significan una cosa: años de beneficios que se quedaron dentro en lugar de repartirse. Esa es la forma silenciosa en que se capitaliza una empresa, y es lo que le permite aguantar un año malo o financiar una inversión sin pedir dinero.
Y la lectura inversa es igual de informativa. Una empresa que reparte todo el beneficio cada año mantiene su patrimonio neto plano. Va bien mientras vaya bien, y no construye colchón. A la primera crisis, cualquier pérdida se come una parte grande de los fondos propios.
Lo que aprendí con el tiempo: la decisión de repartir o no repartir dividendos no es una cuestión de generosidad con los socios. Es la decisión que determina cuánto riesgo puede asumir la empresa en los años siguientes. Una empresa capitalizada puede permitirse un cliente que impaga, una inversión que sale mal o un año de caída; una descapitalizada, no.
Y hay un efecto práctico que se nota enseguida: el banco mira el patrimonio neto. Dos empresas con la misma facturación y el mismo beneficio obtienen condiciones muy distintas según sus fondos propios. La capitalización se paga sola en coste financiero.
Cómo mejorarlo
- No repartir beneficios, o repartir solo una parte.
- Ampliar capital con aportación de los socios.
- Convertir préstamos de socios en capital.
- Sanear el activo. Un activo inflado con existencias obsoletas o clientes incobrables da un patrimonio neto ficticio. Corregirlo lo baja en el papel y lo hace verdadero.
Ese último punto es incómodo y necesario: más vale un patrimonio neto pequeño y cierto que uno grande y falso.
Errores comunes
- Confundirlo con la tesorería. Se puede tener buen patrimonio neto y no tener un euro en el banco.
- Confundirlo con el valor de la empresa. El patrimonio neto es contable; el valor de mercado es otra cosa. Ver valoración.
- No vigilar la causa de disolución.
- Repartir todo el beneficio sistemáticamente.
- No provisionar. Un activo sin sanear hincha los fondos propios.
- Mirarlo solo al cerrar el año.
Cuándo mirarlo
En cada cierre, y con más atención tras un año de pérdidas. Y siempre antes de repartir dividendos: la pregunta previa no es cuánto podemos repartir, sino cuánto colchón queremos mantener.